El 31 de diciembre de 2026 marcará el final de uno de los instrumentos más singulares de la historia postal: el Cupón de Respuesta Internacional (CRI). La decisión fue adoptada el 17 de septiembre de 2025, durante el 28.º Congreso de la Unión Postal Universal (UPU), celebrado en Dubái, y anunciada oficialmente en diciembre del mismo año.
Así concluirá un sistema que durante casi 120 años permitió resolver una dificultad aparentemente sencilla: ¿cómo pagar el franqueo de una carta que debía enviarse desde otro país? Aunque el uso del correo electrónico y otras comunicaciones digitales redujo progresivamente su necesidad, estos pequeños documentos conservaron un lugar propio en la historia de la correspondencia internacional.
Antes del cupón: Argentina y un antecedente de 1878
La idea de pagar una respuesta internacional no nació con el CRI. Durante el Congreso Postal Universal de París de 1878 se discutieron mecanismos para facilitar la correspondencia de vuelta. Entre las propuestas figuraba una estampilla universal, pero las diferencias monetarias y los tipos de cambio complicaban su adopción.
Como alternativa, trece administraciones postales —entre ellas la Argentina— acordaron utilizar tarjetas postales con respuesta pagada. Su funcionamiento comenzó el 1 de julio de 1879. Aunque se trataba de un sistema diferente, muestra la temprana participación argentina en los esfuerzos por facilitar la comunicación postal entre países.
Roma, 1906: nace el Cupón de Respuesta Internacional
El Congreso Postal Universal celebrado en Roma en 1906 aprobó un nuevo mecanismo, que entró en funcionamiento el 1 de octubre de 1907. Quien escribía al extranjero compraba un cupón en su país y lo adjuntaba a la carta. El destinatario podía presentarlo en su administración postal y canjearlo por sellos suficientes para franquear una respuesta internacional, según las disposiciones vigentes.
El cupón no era una estampilla ni podía adherirse a una carta como franqueo: era un documento canjeable por sellos. Su primer diseño, conocido como modelo Roma, inauguró una sucesión de cupones que acompañaría la evolución de las tarifas, las administraciones postales y las medidas de seguridad.
Casi 120 años de diseños postales
La UPU distingue diez modelos a lo largo de la historia del CRI. Este carrusel recorre ocho de ellos, desde Roma hasta Doha, a través de ejemplares de distintas administraciones. Los dos modelos posteriores —Estambul (2017–2021) y Abiyán (2021–2026)— completan la secuencia; el último, con su árbol de manos y aves, ocupa el centro del collage de portada.
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Más allá de los cambios gráficos, cada modelo ofrece detalles de interés filatélico: el papel, las filigranas, los hologramas, las inscripciones nacionales, los valores y las marcas de oficina.
Los cupones en la historia postal argentina
La Argentina participó del sistema y dejó documentos especialmente interesantes para estudiar cambios tarifarios y monetarios.

Los cupones adquiridos localmente no podían canjearse en territorio argentino: estaban destinados a acompañar correspondencia enviada al exterior, para que allí se pagara la respuesta. En cambio, sí se canjeaban cupones emitidos por administraciones extranjeras.
Cuando un cupón podía convertirse en un negocio
El Cupón de Respuesta Internacional también dio lugar a prácticas comerciales que poco tenían que ver con su finalidad original.
En determinadas épocas, algunos filatelistas y comerciantes aprovecharon las diferencias existentes entre las tarifas postales y los valores de las monedas de distintos países. La operatoria consistía en adquirir cupones en aquellos lugares donde su precio resultaba comparativamente bajo y canjearlos posteriormente en la Argentina por estampillas equivalentes al franqueo internacional vigente en nuestro país.
Cuando el valor de los sellos recibidos superaba el costo de adquisición de los cupones, se generaba una diferencia favorable que podía aprovecharse comercialmente.
No se trataba de recibir dinero en efectivo: el correo entregaba estampillas, que posteriormente podían utilizarse para franquear correspondencia o comercializarse.
De esta manera, un instrumento concebido para facilitar las respuestas internacionales llegó a ser utilizado también como recurso para obtener ventajas económicas derivadas de las diferencias tarifarias y cambiarias.
La práctica pone de manifiesto una particularidad del sistema: un mismo cupón podía tener un costo de adquisición muy diferente según el país, pero su valor de canje dependía de las tarifas postales del lugar donde se presentaba.
Dos matasellos que cuentan una historia
El anverso de numerosos modelos reservaba espacios para la oficina que vendía el cupón y la que efectuaba el canje. Cuando esas marcas existen, ayudan a reconstruir su utilización. Un matasello puede aportar una fecha, una localidad o la evidencia de una operación postal concreta. Los ejemplares efectivamente canjeados solían quedar retenidos como comprobantes administrativos, de modo que la procedencia de los conservados exige un examen cuidadoso.

También merecen atención las sobrecargas, los valores corregidos, los sellos adicionales y las diferencias de impresión: son pequeñas huellas de la vida postal de cada cupón.
¿Quiénes utilizaban los CRI?
Particulares, estudiantes, investigadores, instituciones y coleccionistas recurrieron durante décadas a estos cupones para facilitar respuestas desde el extranjero. Entre los usuarios también se encontraban radioaficionados y oyentes de onda corta, que a veces los incluían en solicitudes de tarjetas QSL o confirmaciones de recepción. El servicio respondía a una necesidad práctica común: pagar desde el país de origen el franqueo de una respuesta internacional.
Una curiosidad histórica: Charles Ponzi
En 1920, Charles Ponzi atrajo inversores mediante la promesa de obtener enormes beneficios aprovechando diferencias monetarias entre los precios de los cupones internacionales. El supuesto negocio se convirtió en un célebre fraude financiero: las ganancias ofrecidas no procedían de operaciones reales de la magnitud anunciada, sino principalmente del dinero que ingresaba de nuevos participantes.
El CRI era un instrumento postal legítimo; el fraude estaba en el esquema financiero construido alrededor de su supuesto aprovechamiento. El apellido Ponzi acabaría dando nombre a una categoría de estafas.
El último modelo y la despedida de 2026
El modelo Abiyán (2021–2026) fue elegido mediante un concurso internacional de diseño. La obra ganadora, presentada por Bielorrusia, representa un árbol formado por manos, hojas y aves sobre el globo terrestre, bajo el tema de la protección del ecosistema y el clima. Su creadora, Valeryia Tsimakhavets, tenía 15 años al momento de su selección.
Aunque originalmente tenía vigencia hasta fines de 2025, la UPU extendió su utilización hasta el 31 de diciembre de 2026. Con esa fecha terminará el mecanismo internacional, pero no su historia: los cupones, sus variedades, marcas y usos documentados continuarán formando parte del patrimonio de la filatelia y la historia postal.
Durante casi 120 años, un pequeño papel permitió que alguien, desde un extremo del mundo, pagara por adelantado una respuesta escrita desde el otro. Su último viaje será también el comienzo de su legado como pieza de colección.

